Saturday, 16 May 2015

Una nueva amiga


Anoche vi la película “Una nueva amiga” de François Ozon.
Me gustó mucho. Es sobre la amistad, el amor y el deseo.
No hay reglas, no hay límites y los que convencionalmente se nos imponen van cayendo si se tiene la audacia de caminar hacia la felicidad guiado por el sentimiento de estar bien, de ser uno mismo, una misma.
(“ser” en la pequeña gran medida que nos permite nuestra efímera levedad)

(y además viendo la película te ríes)


Saturday, 9 May 2015

silencios nocturnos

No era perfecta
ni lo es ahora recordada (anhelada)

pero era parte de algo
de lo que yo era la otra parte





Sunday, 5 April 2015

Una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros

(...) dice algo que no nace solamente de que está medio loco, de que la realidad se le escapa y le deja en cambio una especie de parodia que él convierte en una esperanza.

(...)

Cuando no se está demasiado seguro de nada, lo mejor es crearse deberes a manera de flotadores.

(...)

Pero Johnny no ha tenido jamás idea de lo que es esperar nada, y tampoco se imagina que alguien pueda estar esperándolo.

(...)

En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar, negando por adelantado los encuentros fáciles.

(...)

Y cuando Johnny se pierde como esta noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no está escapando de nada. Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar, aunque releguemos cada vez el lugar de la cita; y en cuanto a lo que pueda quedarse atrás, Johnny lo ignora o lo desprecia soberanamente.

(...)

Johnny no se mueve en un mundo de abstracciones como nosotros.

(...)

Sus conquistas son como un sueño, las olvida al despertar cuando los aplausos lo traen de vuelta, a él que anda tan lejos viviendo su cuarto de hora de minuto y medio.

(...)

Eso era lo que me crispaba, Bruno, que se sintieran seguros. Seguros de qué, dime un poco, cuando yo, un pobre diablo con más pestes que el demonio debajo de la piel, tenía bastante conciencia para sentir que todo era como una jalea, que todo templaba alrededor, que no había más que fijarse un poco, para descubrir los agujeros.

(...)

Ah, el día en que pueda mandarme mudar, subirme al tren, mirar por la ventanilla cómo todo se iba para atrás, se hacía pedazos, no sé si has visto cómo el paisaje se va rompiendo cuando lo miras alejarse...

(...)

Lo que pasa es que se creen sabios (...) y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas. En el circo es igual, Bruno, y entre nosotros es igual. La gente se figura que algunas cosas son el colmo de la dificultad, y por eso aplauden. (...) En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento.
(...)
Eso lo sentía, y cuando se siente... Pero (...) apenas has sentido ya viene lo otro, vienen las palabras... No, no son las palabras, son lo que está en las palabras, esa especie de cola de pegar, esa baba.

(...)

(...) la realidad no puede ser esto (...)

(...)

Cualquiera puede ser como Johnny, siempre que acepte ser un pobre diablo enfermo y vicioso y sin voluntad y lleno de poesía y de talento.

(...)

(...) una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros (...)

(...)

En el fondo lo único que ha dicho es que nadie sabe nada de nadie, y no es una novedad. Toda biografía da eso por supuesto y sigue adelante.

(...)

Estoy tan solo como este gato, y mucho más solo porque lo sé y él no.

(...)

No se puede decir nada, inmediatamente lo traduces a tu sucio idioma.

(...)

(...) me pareció que un día iba a encontrar otra cosa. No estaba satisfecho, pensaba que las cosas buenas, el vestido rojo de Lan, y hasta Bee, eran como trampas para ratones, no sé explicarme de otra manera... Trampas para que uno se conforme, sabes, para que uno diga que todo está bien.
(...) porque no puede ser que no haya otra cosa (...)

El perseguidor
Julio Cortázar





Friday, 3 April 2015

La belleza será CONVULSIVA o no será


(…) Pero Nadja era pobre, lo que en los tiempos que corren es suficiente como para fijar su sentencia, a poco que se le ocurra no estar completamente en regla con el código imbécil del sentido común y de las buenas costumbres.

(…)
En último término era diestra, siendo débil hasta lo imposible, en aquel pensamiento tan suyo siempre, pero en el que yo no había hecho más que alentarla con exceso, en el que demasiado la había ayudado yo a imponerlo sobre cualquier otro: el de que la libertad, adquirida en este mundo a costa de mil y una renuncias de entre las más difíciles, exige que disfrutemos de ella sin restricciones durante el tiempo que podamos conservarla, al margen de cualquier consideración pragmática, y ello porque la emancipación humana, entendida desde el punto de vista revolucionario más elemental a fin de cuentas, que no por ello deja de ser la emancipación humana en todos sus aspectos, no nos confundamos, según los medios de cada cual, sigue siendo la única causa digna de ser servida.

(…)
Ahora bien, nunca supuse que ella pudiera llegar a perder, o que ya la hubiera perdido, la gracia de ese instinto de conservación – al que ya me he referido antes – que hace que después de todo mis amigos y yo, por ejemplo, nos comportemos correctamente – contentándonos con mirar a otro lado – al paso de una bandera, que no siempre la tomemos con quien nos venga en gana, que no nos permitamos la alegría incomparable de cometer algún hermoso “sacrilegio”, etc.

(…)
Hasta ese día no había conseguido poner en claro todo lo que, en el comportamiento de Nadja con respecto a mí, forma parte de la aplicación de un principio de subversión total, más o menos consciente, del que, como ejemplo, tan sólo escogeré este hecho: una noche en que conducía un automóvil por la carretera de Versalles a París, una mujer a mi lado que era Nadja pero que hubiera podido, ¿no es cierto?, ser cualquier otra, e incluso tal otra, con su pie que mantenía el mío pisando a fondo el acelerador, con sus manos que intentaban tapar mis ojos, en el olvido que proporciona un beso sin fin, quería que dejáramos de existir más que el uno para el otro, para siempre sin la menos duda, que de aquella manera nos lanzáramos a toda velocidad al encuentro de los más hermosos árboles. Qué prueba de amor, en efecto. Inútil añadir que yo no accedí a semejante deseo. Es sabido en qué punto estaba yo en aquella época, en qué punto he estado casi siempre, que yo sepa, con respecto a Nadja. No por ello le estoy menos agradecido por haberme revelado, de un modo terriblemente sobrecogedor, a qué nos hubiera conducido en aquel momento un común reconocimiento del amor. Cada vez me siento menos capaz de resistir una tentación semejante en todos los casos. Lo menos que puedo hacer es mostrar mi agradecimiento, en este último recuerdo, a aquella que me hizo comprender casi hasta su necesidad. Ciertos seres, excepcionales, que pueden esperarlo todo y también temerlo todo los unos de los otros, se reconocerán siempre por una fuerza extrema de desafío. Idealmente al menos, a menudo vuelvo a sentirme con los ojos tapados, al volante de aquel automóvil salvaje.
Extractos de
Nadja
de André Breton

Sunday, 22 March 2015

el miserable se siente hombre

En la felicidad del amor
el miserable se siente hombre:
funda su confianza en la vida hasta
despreciar a quien tiene otra vida.
Los hijos se lanzan a la aventura
seguros de estar en un mundo
que les teme a ellos y a su sexo.
Es su piedad ser despiadados,
la ligereza, su fuerza,
su esperanza es no tener esperanza.

La religión de mi tiempo
Pier Paolo Pasolini



Sunday, 1 March 2015

Bajar, bajando. Go Down

La tranquilidad, tan parecida a la muerte. El sopor. No sentir dolor, un silencio mental. Una extraña sensación de irrealidad: no percibir. La "impercepción".

Como cuando nieva y las formas espaciales se redefinen y los sonidos se disipan amortiguados. La percepción se acolcha.

Cierra los ojos, piensa tu cuerpo. Primero un pie, por ejemplo el izquierdo. El dedo gordo, los demás dedos. Mírate desde fuera, explora la ilusión soñada de tu cuerpo, de tu cuerpo por dentro de carne, huesos, sangre y destellos nerviosos. El drum de tu corazón recordando el ritmo de la vida. Imagínalo callado. O sea, imagínate muerto. Imagínate nada. Justo el instante anterior a cerrar los ojos-puertas de la percepción. Siéntete.

Sigues caminando por la calle desierta y mojada de los edificios mudos bajo un cielo metálico que amanece bello hasta hacerte llorar.

Tú das tumbos. Escuchas tus pasos. No necesitas ser consciente de que caminas. No te esfuerzas. No necesitas hacerlo. Simplemente estás, estás bajando, desciendes. Y ya no pisas un suelo rígido sino que la superficie se comba, se hunde, es elástica. Te traga tragando tus pasos pero aún puedes andar. Piensas que quieto serías engullido y de hecho pararías si no fuese porque quieres caminar.

Caminas solo. Te ves desde detrás.

Te vas. Te ves irte.

Te despides de ti.

Agur



Friday, 20 February 2015

The Waves

Cuando era un niño me gustaba meterme en el mar con el agua hasta el pecho y mirar hacia el horizonte viendo, con una mezcla de temor y fascinación, como avanzaban las olas hasta alcanzarme.

Y entonces me gustaba ser engullido por ellas y zarandeado disfrutando de unos instantes de auténtica entrega golpeado contra el fondo de arena, abandonado, como ensayando la muerte.

A veces se me erizaba la piel porque tenía frío.

A veces sólo escuchaba el mar, al mar, las sosegadas aguas que me mecían cuando perdía pie,... el rugido de las olas que se rompían detrás de mí.

Y todo lo veo así, avanzando total.