Friday, 12 August 2016

12816


El río está absolutamente estático, especularmente inmóvil,
existencialmente paralizado
y ha silenciado al aire
plomizo de la tarde
de verano

(creo que sólo yo me doy cuenta)

Sunday, 31 July 2016

La realidad nunca se repite

Hay momentos en que, de la forma más inesperada, algo en mi interior pugna por convencerme de que no me afecta mucho, de que no es para tanto, al fin y al cabo. El amor no lo es todo en la vida de un hombre. Yo, antes de conocer a H., era feliz. Era muy rico en lo que la gente llama “recursos”. A todo el mundo le pasan estas cosas. Vamos, que no lo estoy llevando tan mal. Le avergüenza a uno prestar oídos a esa voz, pero por unos momentos da la impresión de que está abogando por una causa justa. Luego sobreviene una repentina cuchillada de memoria al rojo vivo y todo ese “sentido común” se desvanece como una hormiga en la boca de un horno.

(...)

Cuanto más esperes, mayor énfasis adquirirá el silencio.

(...)

Gran parte de una desgracia cualquiera consiste, por así decirlo, en la sombra de la desgracia, en la reflexión sobre ella. Es decir, en el hecho de que no se limite uno a sufrir, sino que se vea obligado a seguir considerando el hecho de que sufre.

(...)

Necesitaría alguna droga, y por ahora leer no es una droga bastante fuerte. Escribiendo para echarlo todo fuera (¿todo?, no, un pensamiento entre miles) me parece que me separo un poco de ello.

(...)

Es algo por el estilo. El acto de vivir se ha vuelto distinto por doquier. Su ausencia es como el cielo, que se extiende por encima de todas las cosas.
Pero no, no está todo dicho de forma correcta. Hay un lugar donde su ausencia vuelve a albergarse y localizarse, un lugar del que no puedo escaparme. Me refiero a mi propio cuerpo.

(...)

No abarcamos nunca el impacto total de lo que llamamos “la cosa en sí misma”. Pero es que nos equivocamos al llamarla así. La cosa en sí misma consiste simplemente en todos estos altibajos, el resto no pasa de ser un  nombre o una idea.

(...)

Cuando hablo de miedo me refiero al miedo puramente animal, al rechazo del organismo frente a su destrucción, a un sentimiento sofocante, a la sensación de ser un ratón atrapado en una ratonera. Esto no puede transmitirse a otro. La mente es capaz de solidarizarse con ello; el cuerpo menos.

(...)

... puedo percibir el lento e insidioso comienzo de un proceso que irá convirtiendo a la H. que recuerdo en una mujer cada vez más imaginaria.

(...)

El regalo más precioso que me hizo el matrimonio fue el de brindarme un choque constante con algo muy cercano e íntimo pero al mismo tiempo indefectiblemente otro y resistente, real, en una palabra.

(...)

Pero si lo que quiero es enamorarme de mi recuerdo de ella, el resultado será una imagen elaborada por mí. 

(...)

... que la realidad nunca se repite.

(...)

¿cómo pueden estar seguros de que la angustia termina con la muerte?

(...)

Vamos a ver, ¿qué adelantamos con las evasiones? Estamos atrapados y no podemos escapar. La realidad, mirada cara a cara, es insoportable.

(...)

Si H. no “existe” es que nunca existió. Confundí una nube de átomos con una persona. No existe nadie, nunca existió nadie. Solamente la muerte revela una vacuidad que siempre estuvo ahí.

(...)

Más tarde o más temprano tendré que enfrentarme con la pregunta claramente y sin rodeos: Dejando aparte nuestros propios y más desesperados deseos, ¿qué razón tenemos para creer que Dios, con arreglo a cualquier patrón que podamos concebir, es “bueno”? ¿Es que toda evidencia inmediata no sugiere exactamente lo contrario? ¿Qué podemos oponer a esto?

Podemos oponer a Jesucristo. Pero ¿y si Él se hubiera equivocado? Las que fueron sus últimas palabras encerraban un mensaje bien claro a este respecto. Acababa de entender que el Ser Supremo a quien llamaba Padre era infinita y tremendamente diferente de lo que Él había imaginado. El anzuelo, tan larga y cuidadosamente aparejado, tan sutilmente tendido, se lo trago al final, en la cruz. La vil broma pesada se había consumado con existo.

(...)

No es verdad que esté pensado siempre en H. El trabajo y la conversación me lo hacen imposible. Pero los ratos en los que no estoy pensando en ella puede que sean los peores. Porque entonces, aunque haya olvidado el motivo, se extiende por encima de todas las cosas una vaga sensación de falsedad, de despropósito.

(...)

Necesito su vuelta como un ingrediente para la restauración de mi pasado.

(...)

Eso fue lo que me pasó. Y creo que puedo sacar partido de ello. No somos propiamente capaces de ver nada cuando tenemos los ojos enturbiados por las lágrimas. No podemos, en la mayoría de los casos, alcanzar lo que deseamos si lo deseamos de una forma demasiado compulsiva, o por lo menos no seremos capaces de sacar de ello lo mejor que tiene.

(...)

Es muy posible que nuestros propios gritos reiterados ensordezcan la voz que esperábamos oír.

(...)

Creo que estoy empezando a entender por qué la pena se siente como una expectativa. Procede de la frustración de tantos impulsos que se han hecho habituales. Todos mis pensamientos, sentimientos y acciones, un por uno, tenían a H. por objeto.

(...)

... para todas las parejas de amantes sin excepción, el duelo forma integral y universal de la experiencia del amor.

(...)

... Luego viene la trágica postura de la danza, y tiene uno que aprender a seguir estando fuera de sí, aun careciendo de esa presencia corporal, aprender a amar a la Ella verdadera, en vez de retroceder a amar nuestro pasado, nuestra memoria, nuestra pesadumbre, nuestro alivio de la pesadumbre, nuestro propio amor.
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que hasta hace muy poco estaba totalmente obsesionado por el recuerdo de H., dándole vueltas a lo  falso que pudiera o no llegar a volverse.

(...)

No se puede negar que en cierto sentido “me encuentro mejor”, pero de repente con eso me viene una especie de vergüenza y la sensación de que estoy sometido a algo así como un deber de mimar, fomentar y hacer duradera mi propia infelicidad.

(...)

¿Cuántas veces me voy a seguir sorprendiendo frente al inmenso vacío, como si se tratara de una novedad, y oyéndome decir: “Nunca me había dado cuenta de lo que he perdido hasta este momento” ¿Va a seguir siendo siempre así? Me amputan la misma pierna una y otro vez.

(...)

... En la medida en que estas notas pudieran suponer una defensa contra el colapso total, una válvula de escape, han dado algún resultado. (...) Creí que podría describir una “comarca”, elaborar un mapa de la tristeza. Pero la tristeza no se ha revelado como una comarca sino como un proceso. No es un mapa lo que requiere, es una historia; y si no dejo de escribir esta historia en un momento determinado, por caprichoso que sea, no habría razón para que dejara de escribir nunca.

(...)

... Camino todo lo que puedo, porque llegar a la cama sin estar muy cansado sería una locura. 

(...)

... Porque este destino me parecía el peor de todos: alcanzar un estadio en el que mis años de amor y matrimonio pudieran aparecer retrospectivamente como un episodio encantador -como unas vacaciones- que hubieran interrumpido brevemente mi interminable vida, devolviéndome luego inalterado a la normalidad. Y entonces llegaría a parecer irreal ese período, algo tan extraño a la textura habitual de mi historia que casi podría llegar a creer que le había ocurrido a otra persona.

(...)

Quiero a H. y no a nada que se asemeje a ella.

(...)

... Porque, ¿no es cierto que muchas veces cometemos este mismo error con respecto a personas todavía vivas, que están con nosotros en la misma habitación? Me refiero al error de hablar y tratar no con el hombre mismo sino con el retrato que nos hemos hecho de él in mente.

(...)

... El cielo resolverá nuestro problemas, pero no creo que lo haga a base de mostrarnos sutiles reconciliaciones entre todas nuestras ideas aparentemente contradictorias. No quedará piedra sobre piedra de ninguna de nuestras nociones. Nos daremos cuenta de que no existió nunca ningún problema.
... La sensación de que una simplicidad apabullante y desintegradora es la verdadera respuesta.

(...)

No solíamos idealizarnos uno a otro.

(...)

... es vuestro gran proyecto (de Dios): crear un organismo que sea espíritu al mismo tiempo; crear esa formidable paradoja que es el “animal espiritual”. Coger a un pobre primate, una bestia con los nervios a flor de piel, una criatura cuyo estómago pide ser saciado, un animal reproductor que necesita a su pareja, y decirle: “Venga y ahora conviértete en un dios”.

(...)

Los muertos puede que sean eso: puro intelecto.

(...)

Una pena en observación
C.S. LEWIS
(traducido por: Carmen Martín Gaite)





Monday, 30 May 2016

día cruelmente nublado en medio de la primavera

Todo se repite cada vez más viejos todos. Menos los muertos que van cayendo como arrastrados por una cinta transportadora de rutina hacia un precipicio sin fondo. O ni siquiera eso porque sucumben absorbidos por súbitos agujeros en la cotidianidad. Rendidos desde el nacimiento defendiendo una posición perdida sabedores de la futilidad de cada golpe, de cada ilusión, de cada grito. Pidiendo sólo no sentir dolor.

Monday, 23 May 2016

Los que complacen a los dioses mueren jóvenes

Es preferible avanzar de un modo impetuoso y libre, tratando de mirar hacia adelante con cierta tranquilidad, que perder el tiempo con sentimentalismos, arrepintiéndonos de lo pasado: eso es lo que diferencia al hombre que está bien pertrechado para recorrer este mundo. 
(…)
Ser excesivamente sabio entraña un anquilosamiento, y todo el que tenga prejuicios acabará quedándose quieto, inmóvil, como si estuviera petrificado. Ahora bien: el hombre que va por la vida con el corazón en la mano y que tiene por cerebro una veleta, el que considera que la existencia es algo que hay que usar con gallardía y arriesgar con júbilo, abordará el mundo de un modo bien distinto; sus latidos serán rápidos y verdaderos e irá acopiando impulsos a medida que corre, hasta que - si el lugar hacia el que corre es un lugar mejor que una hoguera descontrolada - tal vez salga disparado y se convierta, al cabo, en constelación. Nos dirá que el Señor cuida de su salud, que el Señor se ocupa de su alma, sí, y que tiene el control de la situación mientras se dirige, pavoneándose y atravesando la incongruencia y el peligro, hacia su objetivo. La muerte le rodea por doquier, apuntándole con todo un arsenal, del mismo modo que él nos rodea a nosotros; le acechan desagradables sorpresas; su amigos y parientes, con los labios fruncidos, se dan la mano formando una especie de sínodo elegíaco al contemplar su trayectoria; pero, ¿qué le importa a él todo esto? Cuando de verdad ama vivir, cuando uno es esa clase de tipo que tiene empuje y espontaneidad innatos, lo que tiene que hacer, como cualquier otro soldado en cualquier otra guerra estimulante y homicida, es seguir adelante y a buen paso: lo mejor que pueda, hasta alcanzar su objetivo.
(…)
Si uno se pone a pensar en todo esto, ¿se atreverá a embarcarse en una obra que supere en lo más mínimo a una postal de las que se compran por medio penique? ¿Planificará una novela ambiciosa sabiendo que Thackeray y Dickens dejaron las suyas sin terminar? Si nos detenemos a pensar en la muerte ¿quién encontrará el coraje suficiente para vivir? 
(…)
Es mejor vivir y llegar al término de la vida que morir a diario enfermo, encerrado en una habitación.
(…)
No podemos empeñar nuestros esfuerzos sólo en tareas seguras. Del ser humano brota un espíritu que quiere actuar, y que sobrevivirá al final más inoportuno. Todos los que han pensando en su interior en hacer un buen trabajo han hecho un buen trabajo aunque hayan muerto antes de firmarlo. Todo corazón que haya latido fuerte y con alegría ha dejado tras de sí un impulso esperanzado para el mundo, y ha mejorado la tradición de la humanidad.
(…)
¿No se va la vida con más elegancia cuando el cuerpo cae por un precipicio que cuando es arrastrado, miserablemente, al extremo de un delta arenoso? Cuando pienso en aquello tan acertado que dijeron los griegos (“los que complacen a los dioses mueren jóvenes”) no puedo evitar pensar que tenían en mente una muerte así. Pues es seguro que, muera un hombre a la edad que muera, morirá joven. La idea de la muerte no podrá llevarse un sólo sueño de su corazón. Y en el transcurso de la vida, mientras sube de puntillas hacia la cumbre de su ser, ese hombre pasará un día de pronto al otro lado. Apenas se ha extinguido el ruido del mazo y del escoplo, las trompetas casi no han terminado de sonar cuando, arrastrando tras de sí las nubes de la gloria, este espíritu vigoroso y con buena estrella hace su entrada en el mundo espiritual.
Vivir
ROBERT LOUIS STEVENSON






Saturday, 23 April 2016

Así os veo

Las personas me dan pena

Sus perplejidades

a veces también la pasiva tristeza rutinaria con la que 
dejan pasar la vida

que la vida se les escurra 
entre los dedos

dejando sus manos 
secas y agrietadas

igual que se les caen las caras
haciendo flácidos los
rasgos de su persona(lidad)

la ralentización de sus movimientos,
la descoordinación,
la tristeza paulatina

la tenaz victoria de 
la enfermedad y el envejecimiento

la decrepitud

esa somnolencia con la 
que lo asumen todo entre
sonrisas perplejas

sin entender nada
prefiriendo no pensar
resignadas

en algún momento incluso
implorando el final

sin esperar nada
borrosas en su imagen de ellas mismas

una especie de…
una rendición en una guerra
que nunca se pudo ganar

la suavidad de esta brisa
la belleza del mundo
su esplendor en su carácter efímero
(“su”, del mundo)
instantáneo


sentir, aunque sea esto,
o sea,
sentir todo
en un instante, todo
todos los instantes, todo

claramente la identificación plena 
de “todo” y “nada”
en “ahora”, 
que claramente se identifica con ambas

om

siempre la misma conclusión, 
la única posible



15416, sentado en un banco en la plaza del Baluarte,
escrito por mí





Sunday, 10 April 2016

Donde los aduaneros no miran nunca las maletas, solamente los ojos y los labios

[Final del libro “Silvalandia” trabajo hecho con textos de Julio Cortázar y cuadros de Julio Silva]

Han pasado muchas cosas, digamos muchas páginas pero lo mismo los reconocemos, son los de la portada. Nos han seguido los pasos sin mostrarse nunca, y así como se reían a la entrada pensando que nos perderíamos en Silvalandia, así se ríen a la salida para despedirnos, para juntar sus voces y decirnos:

- No nos reíamos por maldad sino porque somos solamente eso, dos pequeñas sonrisas azules que buscan sentirse menos solas. ¿Por qué desconfiaban de  nosotros cuando salíamos a esperarlos en la portada? Solamente les pedíamos que también sonrieran, que nos acompañaran, así, muchas gracias.

Y están contentos, podemos irnos de Silvalandia dejándolos otra vez en la portada a la espera de otro lector, de alguien que también los mirará extrañado, receloso de su silenciosa expectativa, pero que terminará por quererlos (y a los Ontok, a Hojitas, a Gustavo, al pescado Ricardo, por qué no a todos) y que franqueará sonriendo la frontera de Silvalandia donde los aduaneros son azules y no miran nunca las maletas, solamente los ojos y los labios.


Julio Cortázar

Monday, 21 March 2016

Escritura, poder, dominación, explotación y esclavitud

La escritura es una cosa bien extraña. Parecería que su aparición hubiera tenido necesariamente que determinar cambios profundos en las condiciones de existencia de la humanidad; y que esas transformaciones hubieran debido ser de naturaleza intelectual. La posesión de la escritura multiplica prodigiosamente la aptitud de los hombres para preservar los conocimientos. Bien podría concebirse como una memoria artificial cuyo desarrollo debería estar acompañado por una mayor conciencia del pasado y, por lo tanto, de una mayor capacidad para organizar el presente y el porvenir. Después de haber eliminado todos los criterios propuestos para distinguir la barbarie de la civilización, uno querría por lo menos retener este: pueblos con escritura, que, capaces de acumular las adquisiciones antiguas, van progresando cada vez más rápidamente hacia la meta que se han asignado; pueblos sin escritura, que, impotentes para retener el pasado más allá de ese umbral que la memoria individual es capaz de fijar, permanecerían prisioneros de una historia fluctuante a la cual siempre faltaría un origen y la conciencia durable de un proyecto.
Sin embargo, nada de lo que sabemos de la escritura y su papel en la evolución humana justifica tal concepción. (…)
Si se quiere poner en correlación la aparición de la escritura con ciertos rasgos característicos de la civilización, hay que investigar en otro sentido. El único fenómeno que ella ha acompañado fielmente es la formación de las ciudades y los imperios, es decir, la integración de un número considerable de individuos en un sistema político, y su jerarquización en castas y en clases. Tal es, en todo caso, la evolución típica a la que se asiste, desde Egipto hasta China, cuando aparece la escritura: parece favorecer la explotación de los hombres antes que su iluminación. Esta explotación, que permite reunir a millares de trabajadores para constreñirlos a tareas extenuantes,  explica el nacimiento de la arquitectura mejor que la relación directa que antes encaramos. Si mi hipótesis es exacta, hay que admitir que la función primaria de la comunicación escrita es la de facilitar la esclavitud. El empleo de la escritura con fines desinteresados para obtener de ella satisfacciones intelectuales y estéticas es un resultado secundario, y más aún cuando no se reduce a un medio para reforzar, justificar o disimular el otro.
Sin embargo, existen excepciones: África indígena ha poseído imperios que agrupaban a muchos cientos de millares de súbditos; en la América precolombina, el de los incas reunía millones. Pero en ambos continentes esas tentativas se revelaron igualmente precarias. Se sabe que el imperio de los incas se estableció alrededor del siglo XII; los soldados de Pizarro no hubieran triunfado fácilmente sobre él si no lo hubieran encontrado, tres siglos más tarde, en plena descomposición. Por mal que conozcamos la historia antigua de África, adivinamos allí una situación análoga: grandes formaciones políticas aparecían y desaparecían en el intervalo de pocas décadas. Pudiera ser que esos ejemplos comprobasen la hipótesis en vez de contradecirla. Si la escritura no bastó para consolidar los conocimientos, era quizás indispensable para fortalecer las dominaciones. Miremos más cerca de nosotros: la acción sistemática de los estados europeos en favor de la instrucción obligatoria, que se desarrolla en el curso del siglo XIX, marcha a la par con la extensión del servicio militar y la proletarización. La lucha contra el analfabetismo se confunde así con el fortalecimiento del control de los ciudadanos por el Poder. Pues es necesario que todos sepan leer para que este último pueda decir: la ignorancia de la ley no excusa su cumplimiento.
La empresa paso del plano nacional al internacional, gracias a esa complicidad que se estableció entre jóvenes estados -enfrentados con problemas que fueron los nuestros hace dos siglos- y una sociedad internacional de poseedores, intranquila por la amenaza que representan para su estabilidad las reacciones de pueblos mal llevados por la palabra escrita a pensar en fórmulas modificables a voluntad y a oponerse a los esfuerzos de edificación. Accediendo al saber asentado en las bibliotecas, esos pueblos se hacen vulnerables a las mentiras que los documentos escritos propagan en proporción aún más grande.
Tristes trópicos
CLAUDE LÉVI-STRAUSS

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