Saturday, 18 February 2017

La crisis de la ordinariedad

"La sensación de crisis constante no conduce a la revolución sino a una ansiedad generalizada que requiere una gestión constante de uno mismo, y que espera de manera perversa que el gran amor inalcanzable le redimirá de lo que Lauren Berlant ha llamado la "crisis de la ordinariedad".

Eva Illouz en el prólogo a "La radicalidad del amor" de Serćko Horvat




Wednesday, 14 December 2016

1912 [notebook 13]

Sería mejor no anotar nada,
no fotografiar nada,
no guardar tarjetas ni mapas,
no almacenar referencias.

Sería mejor no retener, 
no tener memoria.

Sería mejor no conservar recuerdos
porque cuando se comparen con el presente
serán más jóvenes y con más posibilidades

que el viejo y marchito hoy.




Monday, 5 December 2016

13112 [notebook 7]

Con nuestros simuladores de dinero (que simulan trueques) compramos dispositivos electrónicos esperando que simulen libros y libretas. Pero no conseguimos que sean como los libros y las libretas. Los libros y las libretas están ahí esperando que volvamos de nuestro último viaje loco de angustia. 

El tiempo pasa pero no podemos disfrutarlo porque debemos trabajar y gastar para “ganarnos la vida”. Y cuando se nos concede un poco de tiempo no sabemos qué hacer y nos ponemos a comprar cosas para que nos llenen, pero nos van vaciando. 

Casi no queda nada de mí.
¿Qué (y cuándo) voy a “hacer” para convertirme en quien creo que soy?

Como todo “outsider” hago daño y cuanto más integrado estoy, más daño hago.

Creo que a veces no se me entiende pero la mayoría de las veces ni siquiera se intenta sino que se me interpreta, se me clasifica y, una vez se encuentra un lugar en la estantería en el que colocarme, se me deja allí.
(Seguramente yo hago lo mismo con los demás)

Nada de lo que se me dice me interesa. Sólo me interesa lo que miró, lo que espío, lo que descubro.

Soy así (“a loser”). De gente como yo están llenos los comedores de Cáritas y los bancos de las plazas.
Pero peor...
La mayoría (de los que son como yo) están en sus habitaciones de infancia de las casas de sus padres, inmovilizados. 
Mirando como espectadores asustados y con campos de visión (y comprensión) limitados. Hipnotizados ante el espectáculo del mundo que les ofrecen sus televisores.
Y así mueren. No todos, unos pocos despiertan en violentos ataques de odio alimentado durante años por el resentimiento y la envidia.
No es sana la envidia de estos degenerados.


Ese es el miedo, ese es el abismo. La exclusión, no crecer, no ser.

El enemigo es la inercia (sé que tras ella, en su lento caminar, está la muerte. La inercia me asfixia. La inercia es la náusea. 
Silencio se muere.

Hacer algo aunque sea (aún sabiendo que es) humo, que no va a durar. Porque, además, nada dura.

Al menos intentar entenderlo (todo, algo) algo si se entiende es todo.

Auténtico miedo a quedarme solo y tener que contestarme mis preguntas.

Atento observador de las construcciones (de la vida) de los otros. Frío observador de sus desvanecimientos, de sus derrumbes. De sus finales y desapariciones (abruptas o lentas, paulatinas).

Siempre hay alguien mirando y que es mirado en un juego de espejos infinito. Ni siquiera la soledad más intensa, la soledad del instante preciso del abandono de la vida, es un momento de soledad plena. ¿O sí? ¿Será eso aquello a lo que llamamos “Dios”?

Rodeados de nada, con absurdos y locos objetivos, corremos sin meta (y muy pronto perdemos la ilusión de creer que hay una meta, pero seguimos corriendo).

Melancólico paisaje de invierno, hoy me parece bien.

Hay gente, personas, que ciertamente están “de vuelta” en la vida, pero hay otros que lo pretenden pero que realmente sólo han andado, cansinamente, hacia ninguna parte y en círculo (por eso nos quieren hacer creer que “están de vuelta”).

Sunday, 2 October 2016

Un verano kurdo

Su apodo es Berjin. Tiene treinta años. Es de Siirt. A los diecisiete años, al acabar el instituto, se alistó en el PKK. En 2008, cuando los aviones turcos bombardearon las montañas de Zagros, ella estaba allí.
“La nieve me llegaba a la frente. Y nuestros refugios estaban debajo. Primero llegaron los drones para explorar la zona. Después, llovían las bombas. Yo confié demasiado en mis oídos. Creí que diferenciaban el sonido de los aviones.”
Cuando un avión dejó caer las bombas en el lugar donde estaba ella, sus compañeros estaban en el refugio. No lograron convencerla. Ella seguía jugando con la nieve. En cuanto se dio cuenta, se lanzó al refugio, pero no logro meter todo su cuerpo a tiempo, solo hasta la cintura. Una parte de la bomba le alcanzó justo en la vagina. Primero sintió un dolor horroroso, luego se desmayó. Sus compañeros le abofetearon la cara una y otra vez para que no se durmiese, para que se mantuviera despierta. “¡Más tarde pedí cuentas a mis compañeros por los moratones de mi cara!”.
La nieve no perdona a quien se queda dormido, por eso sus compañeros, mientras practican primeros auxilios, no la dejan dormir. Solo consiguen llevarla a un hospital días después.
Allí se entera de que el hueso de la vagina está roto. “No le deseo este dolor ni al peor de mis enemigos”.
Mientras ella se retuerce de tanto dolor, los médicos del hospital del Kurdistán iraquí se preocupan por su himen. Muy afligidos, se le acercan con delicadeza y le comunican que no va a poder tener hijos. Lo cuenta y se ríe. “Es normal. La mujer para ellos significa el himen y muchos hijos”. Ella se ríe de todo, menos de sus dolores permanentes. 
¿Cómo se distingue a una mujer coqueta del resto cuando todas llevan el mismo uniforme? Quizás por la horquilla de color morado que sujeta su pelo hacia un lado, alisado por arriba y que cae en tirabuzones por encima de los hombros, brillante por la henna. Quizás por sus uñas cuidadas, que complementan a unas manos largas y finas. Es como una estrella de Hollywood en medio del monte de Qandil. 
Cuando termine esta guerra, ¿tú qué harás, a qué te dedicarás...? ¿Cómo formular estas preguntas a unas jóvenes que llevan años en la montaña y que no se sabe si alguna vez volverán? Es la misma pregunta, la formules como la formules. A Berjin, que lleva trece años en estos montes, ¿cómo se le puede hacer esa pregunta elegantemente? Sobre todo cuando no se sabe cuándo acabará todo esto. Si fuese el último día de la guerra, antes de que se disponga a volver a “casa”, a lo mejor no sería tan difícil, ¿pero ahora? Me cuesta tanto preguntar por sus historias, que prácticamente me limito a escucharlas cuando ellas me cuentan, porque en cada intento siento como si apuntara el micrófono a una tribu recién “descubierta” en la Amazonía. Menos mal que no tengo que usar el micrófono. 
- Cuando termine esta guerra, me imagino que lo primero que harás será ir a curarte, ¿no?
Ella es lista, sabe que esta pregunta es una excusa para saber otras cosas.
- Es demasiado tarde, no me pueden hacer nada más. No me pueden arreglar más de lo que estoy. Y como no puedo tener hijos- se ríe- leeré y leeré. Y supongo que algún kurdo cuidará de mí: yo ya he hecho lo que he podido.

Un verano kurdo
Historias de resistencia al ISIS, 
a la ocupación y al exilio
ZEKINE TÜRKERI

p60-p62


Friday, 9 September 2016

La pena negra

"(...) un especial sentimiento que se expresa en todos y cada uno de sus poemas: la pena negra. Esa pena -como dejó dicho Federico- "no tiene nada que ver con la melancolía ni con la nostalgia ni con ninguna aflicción o dolencia del ánimo; sino que es un sentimiento más celeste que terrestre; pena andaluza que es una lucha de la inteligencia amorosa con el misterio que la rodea y no puede comprender".
¿Qué es lo que no puede comprender ese hombre asocial que es el gitano? A mi juicio, parece claro: que el amor conduzca a la muerte, que el ser humano esté destinado a amar y que eso sea la causa de su perdición, tanto si consuma su pasión como si se consume en una espera interminable; que la llamada imperiosa del sexo comporta en su respuesta dolor y acabamiento, sin que quepa racionalización moral alguna de este proceso fatal."

Prólogo de Enrique López Castellón 
al "Romancero gitano" 
de Federico García Lorca

Monday, 29 August 2016

29816

Los turistas (sobretodo si son familias) me inspiran ternura. Yo soy demasiado cínico y no me puedo creer su alegría paseando las calles. No me puedo creer esa felicidad "por estar de vacaciones". No me puedo creer que, siquiera por unos días, olviden su deshumanizada rutina y las tristezas que les esperan.

Sunday, 28 August 2016

Federico García Lorca: no se puede uno entregar a las reacciones líricas.

Recientemente se ha cumplido un aniversario más de la ejecución del poeta Federico García Lorca. 
Escribo estas líneas harto de la imagen que se quiere dar del poeta. Crecí con la unánime alabanza de su figura y con la unánime condena de su asesinato. Bueno, unánime pero “matizada”. No voy a intentar aquí explicar el repugnante tratamiento que la España actual da al horror fascista de la guerra civil en la que fue masacrado el poeta junto con la ilusión general de libertad y de justicia social. No voy a intentar aquí explicar  el borrón y cuenta nueva sobre el que se cimentó el actual sistema político español surgido de la dictadura nacional-católica que secó España en un acelerado camino al retraso cultural y ético. No voy a hablar aquí de la nauseabunda equidistancia cuando no arrogancia de aquellos asesinos y de sus descendientes ideológicos y políticos.

Escribo esto harto de ver representado a García Lorca en un amanerado señorito andaluz progresista sólo por su condición de homosexual. Ese ser asustado con enormes ojos abiertos que no parpadean asombrados ante la belleza gitana y flamenca de las clases populares. Ese intelectual que asiste pasmado al movimiento torero de los cuerpos de guapos gitanos mientras escribe romanceros y dramas de pasión amorosa. Esa imagen de hombre enfermo de sensibilidad al que la explosión de virilidad de la guerra lanzada por los cruzados nacional-católicos aplasta, prácticamente sin querer, como los caballos y los blindados hicieron con las inocentes flores que encontraron a su paso.

A García Lorca no lo mataron por ser eso. Si es que lo era, no lo hubieran matado por ello, quizás le hubieran reído las gracias, le hubieron visto como a un payaso o como a un enfermo gracioso. Alguien de quien reírse, inofensivo en su levedad, un tarado, un hombre incompleto.

Evidentemente, yo no conocí a Federico García Lorca. Tampoco he leído sobre él. Pero he leído alguno de sus poemas y creo que a García Lorca lo mataron porque era un hombre activo en la lucha contra lo que sus asesinos representaban e imponían. Y lo voy a argumentar con unos cuantos fragmentos de escritos de Federico García Lorca.


(*)Sobre el capitalismo: Poeta en Nueva York

Lo impresionante por frío y por cruel es Wall Street. Llega el oro en ríos de todas las partes de la tierra y la muerte llega con él. En ningún sitio del mundo se siente como aquí la ausencia total del espíritu.
(...)
Yo tube ocasión de ver por mis ojos el último “crack”. (...), y jamás , entre varios suicidas, he sentido la impresión de la muerte real, la muerte sin esperanza, la muerte que es podredumbre y nada más, como en aquel instante, porque era un espectáculo terrible pero sin grandeza.

“A veces la monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.”



(*)Sobre el racismo: Poeta en Nueva York

Pero hay que salir a la ciudad y hay que vencerla, no se puede uno entregar a las reacciones líricas sin haberse rozado con las personas de las avenidas y con la baraja de hombres de todo el mundo.

Y me lanzo a la calle y me encuentro con los negros. En Nueva York se dan cita las razas de toda la tierra, pero chinos, armenios, rusos, alemanes, siguen siendo extranjeros. Todos menos los negros. Es indudable que ellos ejercen enorme influencia en Norteamérica y, pese a quien pese, son lo más espiritual y lo más delicado de aquel mundo. Porque creen, porque esperan, porque cantan y porque tienen una exquisita pureza religiosa que los salva de todos sus peligrosos afanes actuales.

Si se recorre el Bronx, o Brooklyn, donde están los americanos rubios, se siente como algo sordo, como de gentes que aman los muros porque detienen la mirada; un reloj en cada casa y un Dios a quién sólo se atisba la planta de los pies. En cambio, en el barrio negro hay como un constante cambio de sonrisas, un temblor profundo de tierra que oxida las columnas de níquel y algún niñito herido te ofrece su tarta de manzanas si lo miras con insistencia.

(...)
... subrayar el dolor que tienen los negros de ser negros en un mundo contrario, esclavos de todos los inventos del hombre blanco y de todas sus máquinas.

(...)
Pero yo protestaba todos los días. Protestaba de ver a los muchachillos negros degollados por los cuellos duros, con trajes y botas violentas, sacando las escupideras de hombres fríos que hablan como patos.
Protestaba de toda esta carne robada al paraíso, manejada por judíos de nariz gélida y alma secante, y protestaba de lo más triste, de que los negros no quieran ser negros, de que se inventen pomadas para quitar el delicioso rizado del cabello, y polvos que vuelven la cara gris, y jarabes que ensanchan la cintura y marchitan el suculento caqui de los labios.



(*) Sobre la religión católica: Grito hacia Roma (Poeta en Nueva York)
(...)
Pero el viejo de la manos traslúcidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos.
Dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura.
Dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melenas de dinamita.
Dirá: amor, amor, amor, hasta que se le ponga de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín y de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas, 
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música.
Porque que queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.



(*) Sobre la guardia civil: Romance de la guardia civil española
(Romancero gitano)

Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran, 
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía 

de pistolas inconcretas.