Monday, 5 October 2015

¿Acercamientos a qué?


Quien nos habla, me da la impresión, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares. Los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y cuantos más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar contra los árboles: cincuenta y dos fines de semana al año, cincuenta y dos balances: ¡tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no dejan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada más que a través de los espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades históricas, conflictos sociales, escándalos políticos…
En nuestra precipitación por medir lo histórico, lo significativo, lo revelador, no dejemos de lado lo esencial: lo verdaderamente intolerable, lo verdaderamente inadmisible; lo escandaloso no es el grisú, es el trabajo en las minas. La “desigualdad social” no es preocupante en época de huelga: es intolerable las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año.
Los maremotos, las erupciones volcánicas, las torres que se derrumban, los incendios en bosques, los túneles que se hunden, ¡El edificio Publicis que arde y Aranda habla! ¡Horrible! ¡Terrible! ¡Monstruoso! ¡Escandaloso! ¿pero dónde está el escándalo, el verdadero escándalo? Acaso el periódico nos ha dicho algo diferente de: tranquilícese, ya ven que la vida existe, con sus altibajos, ya ven que pasan cosas.
La prensa diaria habla de todo menos del día a día. La prensa me aburre, no me enseña nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querría formular.
Lo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás, ¿dónde está? Lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, ¿cómo dar cuenta de ello, cómo interrogarlo, cómo describirlo?
Interrogar a lo habitual. Pero si es justamente a lo que estamos habituados. No lo interrogamos, no nos interroga, no plantea problemas, lo vivimos sin pensar sobre él, como si no vehiculase ni preguntas ni respuestas, como si no fuese portador de información. Esto no es ni siquiera condicionamiento: es anestesia. Dormimos nuestra vida en un letargo sin sueños. Pero nuestra vida, ¿dónde está? ¿Dónde está nuestro cuerpo? ¿Dónde nuestro espacio?
Cómo hablar de esas “cosas comunes”, más bien cómo acorralarlas, cómo hacerlas salir, arrancarlas del caparazón al que permanecen pegadas, cómo darles un sentido, un idioma: que hablen por fin de lo que existe, de lo que somos.
Quizás se trate finalmente de fundar nuestra propia antropología: la que hablará de nosotros, la que buscará en nosotros lo que durante tanto tiempo hemos copiado de los demás. Ya no lo exótico sino lo endótico.
Interrogar a lo que parece ir tan por su cuenta que nos hemos olvidado de su origen. Recuperar algo del asombro que experimentaron Julio Verne o sus lectores frente a un aparato capaz de reproducir y transportar el sonido. Porque existió ese asombro, y otros miles, y fueron ellos los que nos modelaron.
De lo que se trata es de interrogar al ladrillo, al cemento, al vidrio, a nuestros modales en la mesa, a nuestros utensilios, a nuestras herramientas, a nuestras agendas, a nuestros ritmos. Interrogar a lo que parecería habernos dejado de sorprender para siempre. Vivimos, por supuesto, respiramos, por supuesto, caminamos, abrimos puertas, bajamos escaleras, nos sentamos a la mesa para comer, nos acostamos en una cama para dormir. ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?
Describan su calle. Describan otra.
Comparen.
Hagan el inventario de sus bolsillos, de su bolso. Interróguense acerca de la procedencia, el uso y el devenir de cada uno de los objetos que van sacando.
Pregúntenle a sus cucharillas.
¿Qué hay bajo su papel de la pared?
¿Cuántos gestos hacen falta para marcar un número de teléfono? ¿Por qué?
¿Por qué no se encuentran cigarrillos en las tiendas de alimentación? ¿Por qué no?
Me importa poco que estas preguntas sean, aquí, fragmentarias, apenas indicativas de un método, como mucho de un proyecto. Me importa mucho que parezcan triviales e insignificantes: es precisamente lo que las hace tan esenciales o más que muchas otras a través de las cuales tratamos en vano de captar nuestra verdad.

Lo infraordinario
George Perec


Saturday, 29 August 2015

Veinte mujeres solas


No tenéis razón. No hay una linealidad, el tiempo no transcurre. Si así fuese no se daría este aletargado dejar desaparecer la vida mecidos en pánfila rutina de tristezas y cotidianidades. Todo ocurre a la vez, esa es la grandeza de la mente, del ser humano, la trascendentalidad.

Vas sembrando miradas que siguen la cadencia de tus pasos, la arrogante manera que tienen tus hombros de embutir tu silueta en este aire de cristal helado. Solidificas lo que nosotros tratamos de respirar. Es irrealidad lo que dejas tras de ti. Los sonidos se apagan, los colores adquieren tonos irreales y una sensación onírica se apodera del escenario y de los figurantes de esta tu tragedia.

Esa arrogante sonrisa con la que imaginas el mundo soleado después de tu muerte, igual, tan igual, a este día de hoy. Y, de repente, rompes a correr, como si alguien te siguiese, como si hubiese alguien capaz de alcanzarte.

Cuántas veces has agotado esta calle medieval sucia de hidrocarburos mal quemados hasta llegar al límite del abismo del amanecer desgarrado por no haber muerto hoy, tampoco.

Muchas veces me he preguntado que tenían las otras, todas ellas, jadeantes y sudorosas retorciéndose debajo de ti o cabalgándote arrogantemente satisfechas, bamboleando sus senos.

Todos esos rituales simultáneos e iguales, monotonía por un instante de sentir. El mundo fácil de los conformistas.

Probablemente no hay nada más.

Pasas entre nosotros ignorante de la pasión, del deseo, del amor y del odio que generas. Continúas ajeno al poder de tus armas pero detrás de ti, en las sombras a los lados de tu luminosidad, se afilan cuchillos para desgarrar tu carne y hacerte sólo animal en un mar de tu sangre dejando de respirar hacia esa última mirada perdida, suspendida, que espera la podredumbre de tu cuerpo, el hedor de tu descomposición física. Cuando empieces a ser sólo recuerdo, sin esperanza.

¿Tendré miedo en el instante final frente a la muerte?
No

Sunday, 28 June 2015

todos los niños

"En las playas de todos los mundos se reúnen los niños. Vaga la tempestad por el cielo sin caminos, los barcos naufragan en el mar sin rutas, anda suelta la muerte, y los niños juegan. En las playas de todos los mundos se reúnen en una fiesta grande, todos los niños."
La luna nueva
Rabindranaz Tagore



Saturday, 20 June 2015

Por fin he encontrado el amor, ahora me voy a escapar

Él está sentado en una fría cocina iluminado por la luz que deja pasar la suciedad de los cristales y que se cuela por las rendijas de la podrida madera de la puerta del balcón que da al patio interior en el que esporádicas gotas nos recuerdan la lluvia de la noche pasada rompiéndose ruidosamente contra herrumbrosos tejados y mohosos suelos.
Las baldosas fueron blancas y los muebles fueron modernos en los años sesenta cuando sus padres, ya muertos de viejos y resignados aunque aparenten vivir, eran jóvenes ilusionados. Algún electrodoméstico ha sido renovado y un reloj, regalado en un día del padre de hace demasiado tiempo, marca una hora irremediablemente atrasada.
Él está desayunando un café con leche, la leche huele mal, esta cortada, pero él lo disimula con coñac. La composición de la imagen es desoladora. Apoya una de sus callosas manos de hombre que ha vivido en la rodilla y con la otra agarra el vaso. Mira, o sea no mira, hacia una nada lejana que parece ver en una intersección de separaciones entre baldosas. Ella está apoyada en la repisa de la ventana, en contraluz, a su lado una maceta con geranios marchitos.
Él habla pero no a ella, el habla. Dice: por fin he encontrado el amor, ahora me voy a escapar. Tiene que carraspear para seguir hablando porque la voz se le silencia enronquecida. Tabaco negro. Un poco más de coñac: me tengo que escapar corriendo antes de que ella se levante y venga caminando desnuda hasta aquí y me vuelva a mirar. Nunca dije que buscase el amor para vivir en él. Sólo quería verlo, sentirlo. Ya está. Ahora elijo la vida.



Saturday, 16 May 2015

Una nueva amiga


Anoche vi la película “Una nueva amiga” de François Ozon.
Me gustó mucho. Es sobre la amistad, el amor y el deseo.
No hay reglas, no hay límites y los que convencionalmente se nos imponen van cayendo si se tiene la audacia de caminar hacia la felicidad guiado por el sentimiento de estar bien, de ser uno mismo, una misma.
(“ser” en la pequeña gran medida que nos permite nuestra efímera levedad)

(y además viendo la película te ríes)


Saturday, 9 May 2015

silencios nocturnos

No era perfecta
ni lo es ahora recordada (anhelada)

pero era parte de algo
de lo que yo era la otra parte





Sunday, 5 April 2015

Una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros

(...) dice algo que no nace solamente de que está medio loco, de que la realidad se le escapa y le deja en cambio una especie de parodia que él convierte en una esperanza.

(...)

Cuando no se está demasiado seguro de nada, lo mejor es crearse deberes a manera de flotadores.

(...)

Pero Johnny no ha tenido jamás idea de lo que es esperar nada, y tampoco se imagina que alguien pueda estar esperándolo.

(...)

En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar, negando por adelantado los encuentros fáciles.

(...)

Y cuando Johnny se pierde como esta noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no está escapando de nada. Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar, aunque releguemos cada vez el lugar de la cita; y en cuanto a lo que pueda quedarse atrás, Johnny lo ignora o lo desprecia soberanamente.

(...)

Johnny no se mueve en un mundo de abstracciones como nosotros.

(...)

Sus conquistas son como un sueño, las olvida al despertar cuando los aplausos lo traen de vuelta, a él que anda tan lejos viviendo su cuarto de hora de minuto y medio.

(...)

Eso era lo que me crispaba, Bruno, que se sintieran seguros. Seguros de qué, dime un poco, cuando yo, un pobre diablo con más pestes que el demonio debajo de la piel, tenía bastante conciencia para sentir que todo era como una jalea, que todo templaba alrededor, que no había más que fijarse un poco, para descubrir los agujeros.

(...)

Ah, el día en que pueda mandarme mudar, subirme al tren, mirar por la ventanilla cómo todo se iba para atrás, se hacía pedazos, no sé si has visto cómo el paisaje se va rompiendo cuando lo miras alejarse...

(...)

Lo que pasa es que se creen sabios (...) y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas. En el circo es igual, Bruno, y entre nosotros es igual. La gente se figura que algunas cosas son el colmo de la dificultad, y por eso aplauden. (...) En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento.
(...)
Eso lo sentía, y cuando se siente... Pero (...) apenas has sentido ya viene lo otro, vienen las palabras... No, no son las palabras, son lo que está en las palabras, esa especie de cola de pegar, esa baba.

(...)

(...) la realidad no puede ser esto (...)

(...)

Cualquiera puede ser como Johnny, siempre que acepte ser un pobre diablo enfermo y vicioso y sin voluntad y lleno de poesía y de talento.

(...)

(...) una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros (...)

(...)

En el fondo lo único que ha dicho es que nadie sabe nada de nadie, y no es una novedad. Toda biografía da eso por supuesto y sigue adelante.

(...)

Estoy tan solo como este gato, y mucho más solo porque lo sé y él no.

(...)

No se puede decir nada, inmediatamente lo traduces a tu sucio idioma.

(...)

(...) me pareció que un día iba a encontrar otra cosa. No estaba satisfecho, pensaba que las cosas buenas, el vestido rojo de Lan, y hasta Bee, eran como trampas para ratones, no sé explicarme de otra manera... Trampas para que uno se conforme, sabes, para que uno diga que todo está bien.
(...) porque no puede ser que no haya otra cosa (...)

El perseguidor
Julio Cortázar