La muerte era una gota de sangre en la orina
La muerte era un leve mareo
La muerte era un pequeño bulto
La muerte era un despiste al cruzar una calle
La muerte era una cadena de errores en el trabajo
La muerte era otro niño con meningitis
La muerte era un fuerte dolor en el pecho
La muerte era un momento de no soportar la tristeza
Yo quiero que la muerte sea un depredador furioso
O una tempestad que hunda barcos piratas
O el estallido de un hongo de locura en el cielo
O un beso envenenado
Thursday, 26 June 2014
Tuesday, 17 June 2014
16614 Cuadernos de la India
(En la estación de Pathankot Junction)
Yo estoy sentado. Se me acerca un leproso que me toca la pierna con el muñón ulceroso que le queda como mano. Pide limosna.
***
(En el tren al que me subo para ir de la estación Junction a la estación Cantonment, en Pathankot)
Las nubes y el sol que declina componen un atardecer mágico. Con esta luz y la brisa que genera el lento avance del tren se puede ser feliz. Todos vamos callados. Un niño semidesnudo, que come unas sobras que alguien tiró, se sienta en los escalones de la puerta que está abierta para dejarle mirar como se deslizan las casas, los árboles, las gentes. Toda la ternura del universo se posa sobre sus diminutos hombros morenos.
Mirando a través de la otra puerta veo, en lo alto de un edificio, entre un depósito cilíndrico de agua y una esfera de igual tamaño, un hombre sikh alto, con turbante y poblada barba negra, que nos mira elegantemente erguido sobre el fondo del cielo mágico.
Todo es mágicamente irreal en este momento. Mi soledad es total pero se disuelve.
***
(En la estación de Pathankot Cantonment)
Me llaman la atención dos familias que esperan el tren, algún tren. Una es pobre. El padre es delgado y enérgico, parece severo. La madre también tiene una seria expresión que solo desaparece cuando sonríe. Los cuatro hijos (dos niñas y dos niñas) son delgados y espabilados. El padre acerca una mesa a un banco y la familia se sienta y saca pan chapati y unos termos de los que el padre sirve a todos. Comen sentados mirándonos al resto, como en un cuadro de la última cena, muy disciplinados bajo la rígida mirada del padre. Y luego se lavan los dientes en el baño y recogen todo. Yo pienso "qué dignidad".
La otra familia es de ricos. Padre, madre, hijo e hija, los cuatro están gordísimos. A nadie le extrañaría si explotasen ahora mismo porque sus caras ropas a duras penas pueden contener tanta grasa. Geométricamente hablando no están lejos de ser esferas y cuando ese día llegue será una liberación para ellos poder desplazarse rodando porque a duras penas pueden andar? Todos lo miembros de la familia tienen caros teléfonos móviles o "tablets" (aunque sea difícil imaginar cómo pueden manejar las pantallas táctiles con esos dedos tan gordos).
Cuando el hijo de los ricos saca su "tablet" y se pone a jugar, descubro una mirada de fascinación en la hija mayor de la primera familia y fantaseo con la idea de una relación entre ellos basada para ella en la salida de las estrecheces, de la pobreza y de la ausencia de caprichos y lujos. Entonces me planteo si es así como funcionan las cosas, si es así como ricos monstruosos o ricas monstruosas consiguen casarse, acostarse, tener la ilusión de ser amados, por mujeres u hombres bellos, atractivos. Y no me refiero sólo a monstruosos y bellos desde de un punto de vista físico, lo que siempre es discutible, sino ético y moral, de dignidad.
Lo cierto es que en este caso el chaval no le hace ni caso. Es su padre (cuya sebosa cara podría usarse en un diccionario para ilustrar la definición de pánfilo) el que lanza miradas lascivas a la niña. Y entonces me hago otra pregunta pero me da tanto asco que ni la escribo.
Yo estoy sentado. Se me acerca un leproso que me toca la pierna con el muñón ulceroso que le queda como mano. Pide limosna.
***
(En el tren al que me subo para ir de la estación Junction a la estación Cantonment, en Pathankot)
Las nubes y el sol que declina componen un atardecer mágico. Con esta luz y la brisa que genera el lento avance del tren se puede ser feliz. Todos vamos callados. Un niño semidesnudo, que come unas sobras que alguien tiró, se sienta en los escalones de la puerta que está abierta para dejarle mirar como se deslizan las casas, los árboles, las gentes. Toda la ternura del universo se posa sobre sus diminutos hombros morenos.
Mirando a través de la otra puerta veo, en lo alto de un edificio, entre un depósito cilíndrico de agua y una esfera de igual tamaño, un hombre sikh alto, con turbante y poblada barba negra, que nos mira elegantemente erguido sobre el fondo del cielo mágico.
Todo es mágicamente irreal en este momento. Mi soledad es total pero se disuelve.
***
(En la estación de Pathankot Cantonment)
Me llaman la atención dos familias que esperan el tren, algún tren. Una es pobre. El padre es delgado y enérgico, parece severo. La madre también tiene una seria expresión que solo desaparece cuando sonríe. Los cuatro hijos (dos niñas y dos niñas) son delgados y espabilados. El padre acerca una mesa a un banco y la familia se sienta y saca pan chapati y unos termos de los que el padre sirve a todos. Comen sentados mirándonos al resto, como en un cuadro de la última cena, muy disciplinados bajo la rígida mirada del padre. Y luego se lavan los dientes en el baño y recogen todo. Yo pienso "qué dignidad".
La otra familia es de ricos. Padre, madre, hijo e hija, los cuatro están gordísimos. A nadie le extrañaría si explotasen ahora mismo porque sus caras ropas a duras penas pueden contener tanta grasa. Geométricamente hablando no están lejos de ser esferas y cuando ese día llegue será una liberación para ellos poder desplazarse rodando porque a duras penas pueden andar? Todos lo miembros de la familia tienen caros teléfonos móviles o "tablets" (aunque sea difícil imaginar cómo pueden manejar las pantallas táctiles con esos dedos tan gordos).
Cuando el hijo de los ricos saca su "tablet" y se pone a jugar, descubro una mirada de fascinación en la hija mayor de la primera familia y fantaseo con la idea de una relación entre ellos basada para ella en la salida de las estrecheces, de la pobreza y de la ausencia de caprichos y lujos. Entonces me planteo si es así como funcionan las cosas, si es así como ricos monstruosos o ricas monstruosas consiguen casarse, acostarse, tener la ilusión de ser amados, por mujeres u hombres bellos, atractivos. Y no me refiero sólo a monstruosos y bellos desde de un punto de vista físico, lo que siempre es discutible, sino ético y moral, de dignidad.
Lo cierto es que en este caso el chaval no le hace ni caso. Es su padre (cuya sebosa cara podría usarse en un diccionario para ilustrar la definición de pánfilo) el que lanza miradas lascivas a la niña. Y entonces me hago otra pregunta pero me da tanto asco que ni la escribo.
Thursday, 12 June 2014
11614 Cuadernos de la India
De repente el viento se agita, se revuelve, se enfurece.
Parece que quiere arrancar las banderas de oración.
Las plegarias vuelan enloquecidas hacia los impasibles rostros de las divinidades dibujadas.
Alguna gota de agua se cae,
pero no la tormenta.
La temperatura baja y se puede disfrutar.
El cielo se pinta de colores mágicos y se llena de matices.
Es tan bello que digo que es irreal.
El sonido son las hojas, los animales,
el silencio es humano.
Se podría ser feliz aquí y ahora.
En esta hora de luz rosácea todo se dora
y surge un arco iris
efímero porque nos oscurecemos
los árboles, la hierba, la tierra
y nosotros que estamos aquí todos solos.
En esta hora, digo, no quiero suicidarme
A veces siento, diría, que ante mí se están abriendo las puertas de la percepción.
Esto allá, en donde yo he vivido, se llama estar loco.
Parece que quiere arrancar las banderas de oración.
Las plegarias vuelan enloquecidas hacia los impasibles rostros de las divinidades dibujadas.
Alguna gota de agua se cae,
pero no la tormenta.
La temperatura baja y se puede disfrutar.
El cielo se pinta de colores mágicos y se llena de matices.
Es tan bello que digo que es irreal.
El sonido son las hojas, los animales,
el silencio es humano.
Se podría ser feliz aquí y ahora.
En esta hora de luz rosácea todo se dora
y surge un arco iris
efímero porque nos oscurecemos
los árboles, la hierba, la tierra
y nosotros que estamos aquí todos solos.
En esta hora, digo, no quiero suicidarme
A veces siento, diría, que ante mí se están abriendo las puertas de la percepción.
Esto allá, en donde yo he vivido, se llama estar loco.
Friday, 30 May 2014
Rishikesh, India
Te miran como diciendo "sabemos que no te vas a ir, no te puedes ir". Entonces se levanta una leve brisa desde el Ganges y te ves envuelto en enigmáticas sonrisas entre ojos puntuados en rojo. Coloridas mujeres y sadhus, hombres en blancos ropajes, niños y niñas de enormes miradas. La soledad de una gota en un río. Olores y sonidos. Pero hasta esta vorágine se llega a detener, se silencia, se adormece,... se difumina, se esconde.
Pronto la noche se empieza a calentar, el sol se empieza a difundir suavemente desde el horizonte coloreando, primero sin ser visto, y luego mostrándose intensamente anaranjado, iluminando.
Vuelve el movimiento incesante, el río de peregrinos que afluye al Ganges bajando la callejuela de destrozado pavimento y desproporcionados escalones. Las señoras mayores tienen enormes dificultades que son angustioso esfuerzo cuando tienen que subir. A los lados todo son joyerías y tiendas de ropa y de elementos religiosos hindúes. Los dueños, especialmente los de las joyerías, reclaman constantemente la atención de las mujeres que bajan y les prueban rápidamente anillos o pulseras. Por todas partes niños de voces lastimeras, sadhus, lisiados, ancianas,... piden, mendigan. Los templos absorben a algunos devotos pero otros continúan su marcha y cruzan el Ganges por el Lakshman Jhula para, en la otra orilla, llegar al templo de Tavambakeshwar. Hay más río, hay más ofrendas, más peregrinos, hay ghats en las que los fieles se bañan, hay otro puente, Ram Jhula, y muchos más ashrams. Esta es una ciudad sagrada.

Pronto la noche se empieza a calentar, el sol se empieza a difundir suavemente desde el horizonte coloreando, primero sin ser visto, y luego mostrándose intensamente anaranjado, iluminando.
Vuelve el movimiento incesante, el río de peregrinos que afluye al Ganges bajando la callejuela de destrozado pavimento y desproporcionados escalones. Las señoras mayores tienen enormes dificultades que son angustioso esfuerzo cuando tienen que subir. A los lados todo son joyerías y tiendas de ropa y de elementos religiosos hindúes. Los dueños, especialmente los de las joyerías, reclaman constantemente la atención de las mujeres que bajan y les prueban rápidamente anillos o pulseras. Por todas partes niños de voces lastimeras, sadhus, lisiados, ancianas,... piden, mendigan. Los templos absorben a algunos devotos pero otros continúan su marcha y cruzan el Ganges por el Lakshman Jhula para, en la otra orilla, llegar al templo de Tavambakeshwar. Hay más río, hay más ofrendas, más peregrinos, hay ghats en las que los fieles se bañan, hay otro puente, Ram Jhula, y muchos más ashrams. Esta es una ciudad sagrada.
Sunday, 25 May 2014
La próxima vez que venga
La próxima vez que venga a estos países lo haré como turista. Serán unas vacaciones de dos o tres semanas, sólo a un país. Las prepararé con tiempo buscando información en internet, de viajeros en blogs y de páginas especializadas, y estudiando con detalle varias guías de viaje. Antes de empezar mi viaje sabré todo lo que se "debe" ver y planificaré mi ruta cuidadosamente para no perderme nada. Compraré todos mis billetes de avión, tren, autobús,... de cualquier transporte, "in advance" y lo mismo haré con los alojamientos e incluso, cuando sea posible, con las entradas a palacios, stupas, museos, cursos (cocina, meditación,...), actividades (trekking, parapente, kayak,..), etc. De esa manera ahorraré mucho dinero y no tendré preocupaciones logísticas.
Una vez en el país seré un generoso y alegre turista. Cogeré taxis para distancias de doscientos metros y dejaré propina al conductor, me sentaré en los restaurantes sin pedir antes el menú, para una concienzuda revisión de precios, y será en esos pulcros restaurantes donde probaré la comida local no en los cochambrosos puestos callejeros de las pestilentes callejuelas atendidos por sucios "locals". Me tomaré cervezas por las que pagaré diez veces el precio de una comida y estarán frías a pesar de los constantes cortes de suministro eléctrico porque saldrán de neveras alimentadas por generadores de gasoil y sistemas de baterías que a la vez mantendrán el aire acondicionado desde cuyo confort miraré a las gentes pasar.
Gastaré, lo más importante es que gastaré, iré en tuk-tuks, en rickshaws, en cyclos,... Daré limosnas también. Inundaré el país con propinas. Todo el mundo me sonreirá, me acompañará a los sitios, me llevará las maletas, me explicará templos, ritos,... Me reirán las gracias.
Y cuando vuelva a casa elegiré algunas de las fotos del viaje y las imprimiré para decorar mi oficina. Ya me puedo ver a mi mismo sentado en una tarde fría, lluviosa y oscura de mi ciudad mirando con sonrisa bobalicona hacia las brillantes fotografías y reviviendo lo bien que se estaba allí...
Y ya me escucho contando a todo el mundo que la gente en estos países, a pesar de no tener nada, de ser muy pobres, siempre sonríen y parecen muy felices.
Una vez en el país seré un generoso y alegre turista. Cogeré taxis para distancias de doscientos metros y dejaré propina al conductor, me sentaré en los restaurantes sin pedir antes el menú, para una concienzuda revisión de precios, y será en esos pulcros restaurantes donde probaré la comida local no en los cochambrosos puestos callejeros de las pestilentes callejuelas atendidos por sucios "locals". Me tomaré cervezas por las que pagaré diez veces el precio de una comida y estarán frías a pesar de los constantes cortes de suministro eléctrico porque saldrán de neveras alimentadas por generadores de gasoil y sistemas de baterías que a la vez mantendrán el aire acondicionado desde cuyo confort miraré a las gentes pasar.
Gastaré, lo más importante es que gastaré, iré en tuk-tuks, en rickshaws, en cyclos,... Daré limosnas también. Inundaré el país con propinas. Todo el mundo me sonreirá, me acompañará a los sitios, me llevará las maletas, me explicará templos, ritos,... Me reirán las gracias.
Y cuando vuelva a casa elegiré algunas de las fotos del viaje y las imprimiré para decorar mi oficina. Ya me puedo ver a mi mismo sentado en una tarde fría, lluviosa y oscura de mi ciudad mirando con sonrisa bobalicona hacia las brillantes fotografías y reviviendo lo bien que se estaba allí...
Y ya me escucho contando a todo el mundo que la gente en estos países, a pesar de no tener nada, de ser muy pobres, siempre sonríen y parecen muy felices.
Monday, 19 May 2014
Katmandú
(Cuadernos de Nepal)
Katmandu es muy parecido a como debe de ser el infierno. Leo en la Lonely Planet que hubo un terremoto en 1934. Paseando entre el caos de polución, sonidos de claxon, opacas nubes de polvo, calles destrozadas, edificios en ruinas, piedras, ladrillos, plásticos, basuras, socavones,... se diría que el terremoto fue ayer. Después de cuatro noches aquí, lo que pienso es que hay un terremoto cada noche.
***
Hoy, cuando iba a la embajada india, me ha vuelto a impresionar el horror que es esta ciudad y los desesperados (vistos desde fuera, por un turista) pero rutinarios (resignados, vistos por ellos) esfuerzos de sus ciudadanos caminando a trompicones entre charcos, subiendo a precarios bordillos, asomándose a edificios en ruinas mostrando sus fantasmales siluetas recortadas sobre un fondo de escombros, caminando ajenos a los pitidos, a los frenazos, a los casi atropellos,... Dignos entre el polvo, el barro y la polución.
Las personas, de los dos sexos y de todas las edades, viajan hacinadas en furgonetas usadas hasta el extremo, forzadas al máximo, que se disparan rabiosas entre una parada y la siguiente hasta embestirla y en todas ellas hay un muchacho que viaja en la puerta abierta y vocea, supongo, el destino. Y aún entran más personas a ocupar el mínimo espacio "disponible". Tienen ojos tristes estas personas, visibles a través de las sucias ventanillas contra las que se aplastan sus mejillas y sus frentes aunque sus manos traten desesperadamente de impedirlo mostrándonos sus palmas pegadas al vidrio.
A mí no me gusta Katmandu porque en cada ineficacia, en cada muestra de la miseria, veo los gordos dedos adornados con anillos de oro de la corrupción de los poderosos y de sus lacayos necesarios.
***
¿Qué hace esta gente trabajando como hormigas rabiosas, acarreando piedras y ladrillos en sus "dokos" o "kuros", vaciando montones de tierra para elevar al lado otros montones de tierra, enfangados hasta los tobillos y con máscaras para paliar el daño de la nube de polvo sucio?
¿No será todo una gran representación teatral del absurdo? ¿No nos querrán mostrar el sinsentido del progreso capitalista? (¿No estarán esperando a Godot?)

Katmandu es muy parecido a como debe de ser el infierno. Leo en la Lonely Planet que hubo un terremoto en 1934. Paseando entre el caos de polución, sonidos de claxon, opacas nubes de polvo, calles destrozadas, edificios en ruinas, piedras, ladrillos, plásticos, basuras, socavones,... se diría que el terremoto fue ayer. Después de cuatro noches aquí, lo que pienso es que hay un terremoto cada noche.
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Hoy, cuando iba a la embajada india, me ha vuelto a impresionar el horror que es esta ciudad y los desesperados (vistos desde fuera, por un turista) pero rutinarios (resignados, vistos por ellos) esfuerzos de sus ciudadanos caminando a trompicones entre charcos, subiendo a precarios bordillos, asomándose a edificios en ruinas mostrando sus fantasmales siluetas recortadas sobre un fondo de escombros, caminando ajenos a los pitidos, a los frenazos, a los casi atropellos,... Dignos entre el polvo, el barro y la polución.
Las personas, de los dos sexos y de todas las edades, viajan hacinadas en furgonetas usadas hasta el extremo, forzadas al máximo, que se disparan rabiosas entre una parada y la siguiente hasta embestirla y en todas ellas hay un muchacho que viaja en la puerta abierta y vocea, supongo, el destino. Y aún entran más personas a ocupar el mínimo espacio "disponible". Tienen ojos tristes estas personas, visibles a través de las sucias ventanillas contra las que se aplastan sus mejillas y sus frentes aunque sus manos traten desesperadamente de impedirlo mostrándonos sus palmas pegadas al vidrio.
A mí no me gusta Katmandu porque en cada ineficacia, en cada muestra de la miseria, veo los gordos dedos adornados con anillos de oro de la corrupción de los poderosos y de sus lacayos necesarios.
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¿Qué hace esta gente trabajando como hormigas rabiosas, acarreando piedras y ladrillos en sus "dokos" o "kuros", vaciando montones de tierra para elevar al lado otros montones de tierra, enfangados hasta los tobillos y con máscaras para paliar el daño de la nube de polvo sucio?
¿No será todo una gran representación teatral del absurdo? ¿No nos querrán mostrar el sinsentido del progreso capitalista? (¿No estarán esperando a Godot?)
Wednesday, 14 May 2014
Siddhartha
Al principio de este viaje volví a leer Siddhartha de Hermann Hesse. Lo leí hace años en español (ahora lo he leído en inglés) pero no lo disfruté, no lo entendí como ahora.
Alguien me dijo que trataba de la vida de Buddha, pero desde el principio del libro se presenta a Buddha como un personaje distinto de Siddhartha. De hecho es alguien a quien todos siguen, es El Iluminado, pero cuando Siddhartha le conoce no le sigue sino que decide seguir su camino porque no cree que lo que busca le pueda ser enseñado.
Así que busca viviendo como samana, como rico mercader, experimenta el placer del sexo, el vicio del juego, tiene un hijo, trabaja como barquero,... En su camino alcanza al fin la perfección, el Om, en la conclusión de que todo es eterno, de que el tiempo no existe, de que todo ocurre al mismo tiempo y de que todo es uno, la Unidad.
Cuando, en las páginas finales, Siddhartha revela esto a su amigo de infancia Govinda, vemos que Siddhartha ha alcanzado la Iluminación y la conclusión de unidad y eternidad nos muestra que Siddharta es Buddha. O sea, la manera de contar la historia que utiliza Hesse implica que en la misma estructura del relato está la esencia de la enseñanza: la sabiduría no se puede transmitir, no se puede enseñar; no hay una verdad; el tiempo no existe; todo es uno. Om
Alguien me dijo que trataba de la vida de Buddha, pero desde el principio del libro se presenta a Buddha como un personaje distinto de Siddhartha. De hecho es alguien a quien todos siguen, es El Iluminado, pero cuando Siddhartha le conoce no le sigue sino que decide seguir su camino porque no cree que lo que busca le pueda ser enseñado.
Así que busca viviendo como samana, como rico mercader, experimenta el placer del sexo, el vicio del juego, tiene un hijo, trabaja como barquero,... En su camino alcanza al fin la perfección, el Om, en la conclusión de que todo es eterno, de que el tiempo no existe, de que todo ocurre al mismo tiempo y de que todo es uno, la Unidad.
Cuando, en las páginas finales, Siddhartha revela esto a su amigo de infancia Govinda, vemos que Siddhartha ha alcanzado la Iluminación y la conclusión de unidad y eternidad nos muestra que Siddharta es Buddha. O sea, la manera de contar la historia que utiliza Hesse implica que en la misma estructura del relato está la esencia de la enseñanza: la sabiduría no se puede transmitir, no se puede enseñar; no hay una verdad; el tiempo no existe; todo es uno. Om
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